Pandemia: no es buen momento para rebelarnos

Ilustración de Kipu Visual

En momentos de desconcierto mundial porque un virus nuevo (más mortal para algunos que para otros) se disemina con facilidad y origina un problema de salud pública, el Gobierno de mi país (como muchos otros) decretó medidas extraordinarias para enfrentar la situación: ordenó el aislamiento social, la suspensión de las labores en la mayoría de los sectores y el cierre de las fronteras.

Esto significa que ahora las personas no deberían salir de casa si no es estrictamente necesario porque se han cancelado eventos públicos, se han suspendido las clases, se han parado las actividades de las entidades públicas y privadas que no estén relacionadas al sector alimentario, de salud y otras necesidades básicas. Además que se ha limitado la libertad de tránsito a nivel nacional.

Una medida así puede ser acatada por muchos con tranquilidad, pero también podría generar indignación y preocupación para otras personas. En especial si consideras que muchos peruanos trabajan de manera independiente o tienen un empleo informal. En pocas palabras se puede aplicar la frase: “el que no trabaja, no come”, si el Gobierno no toma acciones para sobrellevar lo que resta de los 15 días establecidos de cuarentena.

Esta situación será difícil para muchos que ganan para comer a diario, y para las personas que en buenas temporadas económicas no ahorraron pensando que nunca se presentaría una situación de emergencia. Quizá aprendamos lo importante que es la educación financiera en nuestras vidas, y muchas más entidades empiecen a promoverla.

Este momento también es perfecto para aflore nuestro sentido de comunidad y conciencia, para que los dueños de empresas entiendan que no pueden aprovechar el pánico para despedir trabajadores, para que las personas que rentan cuartos comprendan que sus inquilinos se atrasarán en pagarles el mes, o que los ciudadanos con el dinero suficiente para comprar sacos de alimentos y llevarse todos los royos del papel higiénico de los mercados aprendan a pensar que eso solo contribuye a que los precios suban por la escasez de productos.

Las indicaciones están dadas. Quizá no todos pueden acatarlas por igual manera pero al menos deberían de tratar de cumplir con el mensaje esencial: no tengas una vida social normal, no son vacaciones para que salgas a pasear porque lo que se busca es detener el contagio del virus.

No es momento apropiado para rebelarnos contra las autoridades, ellos no son las personas vulnerables aquí, solo buscan evitar que el sistema de salud público colapse. Somos nosotros (los ciudadanos) los interesados en detener el aumento de casos del COVID-19, porque tenemos entre nuestras familias a alguien de avanzada edad, alguien con enfermedad crónica o una persona con las defensas inmunitarias bajas que tendrá que enfrentar solo el mal porque no hay tratamiento.

Pongamos de nuestra parte, reclamemos lo que sea necesario porque no todo es color de rosa en este estado de emergencia. Pero también seamos concientes que esta situación no es conveniente para nadie, y si el contagio no se para es probable que se amplíen los días de aislamiento. Asumamos con seriedad la situación y no nos burlemos de la gente que busca resguardar la salud pública y la seguridad, porque para mala imagen de nuestra sociedad suficiente tenemos con los rumores de saqueos en Lima. 

Es probable que la lección que aprendamos ahora es que debemos prepararnos para la próxima emergencia de salud y para eso el Gobierno debe invertir más en capital humano, material científico y en investigación. Por ahora usemos nuestro tiempo en aislamiento social de manera productiva, compartiendo con la familia o reflexionando que tan buena puede ser una pausa en nuestra agitada vida.

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