No sabemos elegir


El Congreso de la República se disolvió ayer (30/09/19) luego de una serie de sucesos bochornosos en el hemiciclo. Durante la mañana el Legislativo dio inicio a las elecciones de los miembros del Tribunal Constitucional, pese a que el Ejecutivo pedía debatir la modificación del proceso de selección de integrantes del TC porque lo consideraba acelerado y cuestionable. Sin embargo, el Congreso presidido por Olaechea hizo lo que consideró primordial incluso ante la oposición de algunas bancadas. Esto llevó a que el titular del Consejo de Ministros (hasta ese momento), Salvador del Solar, ingresara al Parlamento en medio de un espectáculo, porque la seguridad le negaba el acceso. Dentro del hemiciclo se presentó la Cuestión de Confianza, los congresistas votaron y se aprobó apoyar al Ejecutivo, pero como las anteriores veces solo de palabra, porque sobre la base de los hechos, ellos ya habían elegido a un integrante nuevo del TC.

Fuente: Twitter
¿Entonces en qué estamos? 

Parece que el Ejecutivo y el Legislativo hacen pataleta cada uno por su lado; porque el Congreso realmente hace lo que quiere para beneficio de la mayoría de sus integrantes (todos lo vimos con las decisiones que se han tomado sobre los casos de corrupción y sus implicados), y el presidente Vizcarra se cansó de lidiar con la situación, quiere irse y llevarse a todos con él.

En los medios de comunicación destacan las palabras crisis, urgencia e inestabilidad, y es cierto, andamos mal. Un presidente que no elegimos (porque asumió luego de la renuncia del anterior) disolvió un Congreso que la mayoría se arrepintió de elegir. Y ahora enfrentamos que ese mismo Parlamento que la mayoría del país repudia, nombra a una presidenta que nadie quiere porque consideran que nunca ha tomado decisiones que beneficien al país (incluido los lamentables hechos del Baguazo).

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¿Quién definirá lo que vale y lo que no? ¿Qué debe prevalecer al elegir quién gobernará en adelante? Ni los constitucionalistas lo saben, entre ellos también cuestionan las dos posiciones, y consideran sus propias interpretaciones de las leyes. Supongo que es momento de acatar lo que dice la Constitución, no interpretarla. 


Espero que la lección este aprendida, que seamos más exhaustivos al elegir a los próximos congresista y reflexionemos sobre el tipo de persona que queremos en la presidencia. No esperemos a segunda vuelta para votar por el mal menor, que en primera vuelta nos tomemos la molestia de pensar.

Pero cómo ya estamos acostumbrados a decidir quién es el mal menor, hagámoslo ahora, entre el Ejecutivo y el Legislativo. Por la vergüenza que siento al ver a los representantes del Parlamento, diría que el Ejecutivo es el mal menor, porque bien o mal trata de ser consecuente y no ha mostrado interés en quedarse en el poder, lo que le ha dado puntos a favor. Otro aspecto que me hace dudar del Congreso, es que incluso algunos parlamentarios piden que se cierre, porque consideran que no se puede debatir con los caprichos secundados por la mayoría de Fuerza Popular. Y si a eso le sumas la manera en que muchos congresistas argumentan sus decisiones y se comportan en los debates que pueden definir el futuro del país, se llega a pensar que no tienen criterio y hacen lo que les da la gana sin importarle en lo más mínimo la opinión del pueblo. Parece que para ellos, solo decidimos bien al ponerlos en sus curules, y no sabemos pensar cuando les pedimos que se vayan porque nos desagrada que legislen para beneficios específicos. 

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El futuro es incierto, pero también es bueno recordar que no todo lo que elegimos fue fatal. En este Congreso disuelto hubo personas, que más allá de los partidos políticos, se comprometieron con causas sociales y a través de su voto e iniciativas trabajaron para beneficio de muchos.      

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